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Desiguales como dos gotas de agua

Y es que no hay dicho más falso. Nada es más diferente que dos gotas de agua y su comportamiento. Sólo hay que mirarlas mientras se deslizan sobre el cristal de la ventana de un vagón de tren. Inicialmente adheridas como por ensalmo y luego en movimientos desordenados, cada una a su aire. Algunas inmóviles, otras en desplazamiento acelerado, casi siempre rectilíneas, algunas solitarias, otras buscando con desespero el fusionado. Siguiendo trayectorias caprichosas usando leyes físicas incomprensibles para el intelecto más humano. Contradictorias como los pensamientos y las acciones de los sujetos. Usualmente me quedo embobado mirándolas, a veces siguiéndolas con el pulpejo. Aquel día no podía levantar la mirada hasta que las ví corriendo, ahora sí en perfecta fila india, siguiendo los surcos de las mejillas de una jovencita sentada unos asientos más allá, a la que podía espiar distorsionada a través del cristal del techo, y que emitía unos diminutos pucheros desesperados. Él casi no ...

Paraguas como espadas

¡Llueve! Y en esta ciudad no estamos acostumbrados y parece una gran catástrofe y se forman cataratas en los túneles, aguazales en los fondos de las cuestas y parece que sea el apocalipsis.  En mi tierra ni nos inmutamos... ¡Chove! ¡Normal! ... ¡Mollaste! Nin te moves. Aquí, la lluvia a nadie pone contento, salvo a algunas féminas que alborozadas se ponen unas botas de agua modernas que llevan guardadas un siglo en un armario desde que las compraron. En realidad son una modificación de las clásicas Katiuskas, prenda de ornamento con nombre de bombardero, de lo más hortera y sólo adecuada para algunos oficios como el de pocero. Pero ya saben ustedes, las modas son inescrutables y lo que hace unos años era anatema,  pasa a estar en la cúspide estilística tarde o temprano.  Estas modernas se suelen dotar de chubasqueros de colores chillones, cuanto más chillón más alto es su precio y, como no, de amplios, de enormes paraguas, para protegerse el pelo. Porque ya sabéis ...

Criticar, Opinar y Juzgar

crítico , ca . ( Del lat. critĭcus, y este del gr. κριτικός). 1. adj. Perteneciente o relativo a la crítica. 2. adj. Perteneciente o relativo a la crisis. 3. adj. Se dice del estado, momento, punto, etc., en que esta se produce. 4. adj. Dicho del tiempo, de un punto, de una ocasión, etc.: Más oportunos, o que deben aprovecharse o atenderse. 5. adj. Fís. Se dice de las condiciones a partir de las cuales se inicia una reacción nuclear en cadena. 6. m. y f. Persona que ejerce la crítica. 7. m. y f. coloq. Persona que habla culto, con afectación. 8. f. Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc. 9. f. Conjunto de los juicios públicos sobre una obra, un concierto, un espectáculo, etc. 10. f. Conjunto de las personas que, con una misma especialización, ejercen la crítica en los medios de difusión. Al estreno de e...

Los rincones donde guardamos el alma

El alma, interesante concepto y definición. Llevaba años sin pensar en su anatomía, sin intentar hacer descripciones exactas de su morfología. De hecho, había dejado de considerar su existencia hace mucho tiempo, cuando de niño creí verla volar en una cometa, en sueños. Empecé a darle vueltas al concepto tras tropezar con ella en la primeras páginas de mi relectura del libro de Tabucchi, en esas reflexiones en tercera persona sostenidas por un sosías. Así que busqué su significado en un diccionario y comprobé que a los más sabios les pasa lo mismo en cuanto a su entendimiento. Cuando un término tiene quince definiciones es que no tenemos muy claro como definirlo. El alma duele, tiene compás, se vuelve loca. Pero ¿Es inmaterial, como cualquier sentimiento? Es probable que el alma sea la huella que queda de nosotros pasado el tiempo. Casi seguro que hoy en día el alma de casi todos nosotros está en la red, rellenando espacios digitales misteriosos, engarzada entre cables de servid...

La virtud de la discreción

Discreción f. Sensatez y tacto para hablar u obrar: se comporta con discreción y elegancia. Reserva, prudencia: hay que llevar este asunto con mucha discreción. a discreción loc. adv. Sin limitación, según cada cual quiera o decida: en la fiesta hubo bebida a discreción. Se ha perdido. La hemos perdido. Era una virtud (no teologal) pero virtud, se enseñaba en casa, en la calle, en el colegio, a veces a fuerza de hostias, pero se enseñaba. Hoy en día brilla por su ausencia y yo la echo de menos. En todas partes hay signos claros de su decadencia. Aparecen unos papeles abandonados a su suerte en una impresora, abultados con palabras grandilocuentes, a veces encuentras cartas íntimas, extractos bancarios, facturas de lupanares, de coctelerías o de hoteles de amantes. Un artículo sobre "Gestionar la autenticidad" que precisa de dos autores para hablar de algo inexistente para darnos instrucciones ante la vida y para manejar a la gente: " Para atraer seguidore...

Sobre la oratoria de los premiados

Tengo ganas de que me den un premio, no por el premio en si, sino por tener la oportunidad de recogerlo. Para que me llegue ese minuto de gloria que me merezco, en el que se puede decir de todo y mentir todo lo que quieras: dar las gracias a quien no se admira e incluso se odia y, sobre todo, cagarse en lo establecido. Eso tan "cool" que hacen los actores (de este país) vestidos con trajes de pasarela y bien enjoyados. Alguien argumentará que son prestados y seguramente es cierto, pero ellos exhiben sin recato un lujo del que no disponemos el resto. Y yo me pregunto ¿De qué se quejan? ¿Por qué se erigen en portavoces del pueblo sin ser elegidos para ello? Si tanto interés tienen que se presenten a las elecciones. Pero claro, a ver quién abandona el chollo de la vida bohemia. Ellos no madrugan salvo exigencias del guión (bien pensado yo tampoco), no hacen colas, no salvan vidas, no pican piedra, no cortan el pescado en el mercado, ni descargan camiones, no toman el transpo...

La esquina de los descreídos y las miradas espías.

Uno de mis deportes favoritos es espiar a otros. Me subo en el metro o en el autobús y me fijo en alguien, en lo que lleva en la mano, en como viste o como se mueve. Imagino a qué se dedica, en qué piensa en ese momento, a dónde va, si está contento o triste, si tiene pareja, si ese día ha follado (bien o mal). Lo hago para inspirarme, para buscar personajes de mis relatos, para dejar la mente en blanco. A veces se bajan en la misma parada que yo e imagino que les sigo, siguiendo las instrucciones de un secreto encargo ("Este mensaje se autodestruirá en quince segundos"), aunque rápidamente me desvío hacia mi camino, avergonzado de mi descaro. Luego rara vez los vuelvo a ver, pero sus rostros quedan ahí guardados durante tiempo, cubiertos con un velo. Nunca recuerdo de qué los conozco, nunca sé dónde nos hemos encontrado. Esa mala costumbre mia me ha dado alguna mayúscula sorpresa. Como cuando espié a una bella morena de ojos claros y rasgos levemente caucasianos, senta...