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Criticar, Opinar y Juzgar

crítico, ca.
(Del lat. critĭcus, y este del gr. κριτικός).
1. adj. Perteneciente o relativo a la crítica.
2. adj. Perteneciente o relativo a la crisis.
3. adj. Se dice del estado, momento, punto, etc., en que esta se produce.
4. adj. Dicho del tiempo, de un punto, de una ocasión, etc.: Más oportunos, o que deben aprovecharse o atenderse.
5. adj. Fís. Se dice de las condiciones a partir de las cuales se inicia una reacción nuclear en cadena.
6. m. y f. Persona que ejerce la crítica.
7. m. y f. coloq. Persona que habla culto, con afectación.
8. f. Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.
9. f. Conjunto de los juicios públicos sobre una obra, un concierto, un espectáculo, etc.
10. f. Conjunto de las personas que, con una misma especialización, ejercen la crítica en los medios de difusión. Al estreno de esa comedia no asistió la crítica
12. f. censura (reprobación).
Los críticos nunca han estado bien vistos, simplemente por su capacidad para discernir, de llevar la contraria, de sostener opiniones diferentes a las del resto de los mortales, de discrepar con las masas. Siempre se les ha identificado con los frustrados, con los incapaces de disfrutar con las cosas sencillas, con los que no llegaron a la cúspide y están llenos de envidias. A muy pocos les ha llegado el reconocimiento en vida.
En estos tiempos de crisis abundan los pretendidos críticos, esos que repiten de forma continua los mismos mantras propagados por supuestos líderes de opinión. Y es que una opinión nunca puede ser una crítica.

La crítica (del griego κρὶνω -krínô-, «juicio o discernimiento», y de κρίνειν -krínein- «analizar, separar») de las que deriva κριτική -kritikē-, κριτικός -kritikós-, «crítico» o fig. juzgar con discernimiento. Una interpretación, usada por Balmes, que principia por proponer una definición de la verdad dice así:
«El pensar bien consiste, o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad, de otra suerte, caemos en error.» Jaime Balmes
Opinar es gratuito, se puede hacer sin ningún conocimiento de la verdad, pero puede ser peligroso cuando se pretende analizar y juzgar una situación o un comportamiento. Hoy en día tenemos libertad de opinión, pero no de crítica, ni debiéramos tenerla. Cualquiera puede escribir (incluso muchos lo hacen con numerosas faltas de ortografía). Cualquiera se ve capaz de criticar, aunque en realidad opina y lo que es peor, muchos se ven con la capacidad de juzgar y dictar sentencia basados en opiniones y escrúpulos.

Los problemas surgen cuando los investidos como críticos, los que aparentemente tienen conocimiento y ciencia para analizar y desmenuzar los elementos con la precisión de las deducciones de las fórmulas matemáticas  o físicas, actúan como opinadores y valoran en función de sus gustos o prejuicios.

criticar.
(De crítica).
1. tr. Juzgar de las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte.
2. tr. Censurar, notar, vituperar las acciones o conducta de alguien.

Tengo un contrato reciente, hago de crítico de música (aunque no tengo ni idea) para una publicación cutre, nadie quiere hacerlo porque el tema es espinoso y se trata de poner verde a los establecidos, ser contrario a los fans, impartir ciencia a los cernícalos y cenutrios. En definitiva, convertirse en pelele hacia el que cualquiera puede dirigir su ira, un simple saco sobre el que golpear. Uno de esos trabajos para los que siempre piensan en Benigno.

El director de la revista es muy inteligente, sabe que se vende mucho más llevando la contraria. Es amigo de los de "Punto pelota" ese programa que sorprendentemente tiene gran audiencia en Cataluña. Y es que a la gente cuanto más recalcitrante es, más le encanta poderse escandalizar y así tener algo de lo que hablar. No se dan cuenta que dan de comer a esos mismos a los que se dedican a vilipendiar.

He tenido que ir obligado a varios conciertos últimamente y he visto contrastes increíbles. He visto a entendidos dirigirse al bar dando la espalda al artista o dedicarse a hablar en alto en situaciones que requerían de silencio y respeto casi religioso. He visto públicos de cincuenta personas en algún concierto maravilloso, inolvidable, pulcro y sincero. Y he asistido a recintos lleno de masas vociferantes, aplaudiendo a rabiar canciones mediocremente interpretadas, elogiando sonidos infumables, guitarras chirriantes de volumen elevado, o secciones de viento imperceptibles en el oído pero voluminosas en lo visual.

En ambas situaciones he salido triste, sobrecogido, por no poder compartir la alegría de unos o el desprecio de otros, por no ser capaz de corear canciones con gritos, de saltar sin parar, de dejarme seducir por la trampa de la supuesta épica musical y gritar "grande" al artista o de sonreir beatíficamente de forma continuada. Me he visto en minoría y las minorías siempre tienen miedo de ser aplastadas y/o despreciadas. Y he sido incapaz de escribir una crítica, y he escrito y escribo mi opinión sin fundamento alguno, salvo el que dicta el corazón o la simpatía (con sentimiento). He buscado refugio en los aforismos definitivos de algún importante censor y casi me muero de vergüenza cuando alguno dice que estuvo viendo "rock and roll" o que un grupo suena engrasado y perfectamente ajustado.

Decía Voltaire que los prejuicios “son la razón de los tontos” y apostillaba Rousseau que prefería “ser un hombre de paradojas que un hombre de prejuicios” . Por suerte, todavía alguno es sincero y reconoce que se rige por sus gustos de forma injusta, pero se ve capaz de rectificar.

Benigno F.

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