El vendedor no levantaba la cabeza de su ordenador, llevaba varios minutos pegado a la pantalla y Benito empezaba a impacientarse. Maruxa, conociendo el carácter de su marido, le sujetaba delicadamente la manga de la chaqueta, presta al tirón para frenarlo.
- Benito, sentidinho - le susurró.
- Iste home pensa que non temos cartos – contestó Benito de forma audible - ¿Non atenden -preguntó
El vendedor, al fin levantó la cabeza, les miró como aire de suficiencia y con voz escéptica espetó:
- ¿Querían algo?
- ¡Ay, que carallo! ¿Qué vamos a querer si estamos en una tienda? - dijo Benito
- Tienda, tienda, esto no es, esto es un concesionario.
- ¿Cómo qué non e unha tenda? ¿aquí non venden?
- Claro que vendemos caballero ¿Tienen hora?
- Sí, hora y reloj, son las seis y cuarto.
- Me refería a si habían pedido cita previa.
- Non, non temos una cita, estamos casados o que temos son cartos ¿Esos coches de ahí se venden?
- Esos coches son de exposición, nuestros coches hay que encargarlos.
- ¡Muy bien! Entonces quiero encargar uno.
El vendedor sonrió maliciosamente previendo una tarde divertida a costa de aquel abuelo con boina y acento de aldea gallega.
- ¿Y qué coche querría encargar usía? – dijo con sorna
- Maruxa, iste home fala muy raro – le dijo al oído a su esposa – Fala tú con él que eu vou-lle dar un mandado.
- Mire señor, mi marido está encaprichado con un coche de estos. Yo ya le he dicho que mejor fuéramos a la Nissan, pero es muy cazurro.
- Estos coches son muy caros. Dijo el vendedor.
- E volta coa burra a o millo. Xa xe dixen que eu tenho cartos. – bramó Benito
- ¿Y qué coche quiere usted?
- Xa empezamos a falar como Deus manda ¡Quero un Testarrosa!
- Eso no puede ser caballero, para tener un Testarrosa hay que ser miembro del Club Ferrari.
- ¡Qué club, ni qué carallo! ¡Maruxa, saca os cartos! – Maruxa abrió su bolso que estaba lleno de fajos de billetes de quinientos euros. – ¿ten suficiente con estos?
Al vendedor se le pusieron los ojos como platos, nunca había visto tal cantidad de dinero en efectivo, miró a uno y otro lado buscando la cámara oculta. Esto tenía que ser una broma.
- Creo que no me he explicado bien – dijo, tragando saliva ruidosamente – para encargar un Testarrosa tiene que ser cliente de la marca, para entendernos, tiene que ser propietario de al menos dos Ferrari.
- Ahhhhh, ya empezamos a entendernos ¿Cuánto valen esos dos de ahí? o roxo i o negro.
- 200.000 euros cada uno.
- ¡Enton! Non hai problema, me los quedo, ¿xa poido ser miembro do clube ise?
- Sí, sí, señor – dijo el vendedor afectado de una palidez cérea y cuyas cejas apuntaban al techo producto de la sorpresa.
- Ben, pois fagame o carné ¿Cuándo puedo venir a recoller o Testarrosa? Maruxa, xa che dixen que o mellor era enseñar os cartos a os fodechinchos.
Benigno F.
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