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"Quiero un Ferrari" (Cosas que escribo-2)

 Ferrari LaFerrari - Wikipedia, la enciclopedia libre 

El vendedor no levantaba la cabeza de su ordenador, llevaba varios minutos pegado a la pantalla y Benito empezaba a impacientarse. Maruxa, conociendo el carácter de su marido, le sujetaba delicadamente la manga de la chaqueta, presta al tirón para frenarlo.

     -  Benito, sentidinho - le susurró.

     -  Iste home pensa que non temos cartos – contestó Benito de forma audible - ¿Non atenden -preguntó

 

El vendedor, al fin levantó la cabeza, les miró como aire de suficiencia y con voz escéptica espetó:

     -  ¿Querían algo?

- ¡Ay, que carallo! ¿Qué vamos a querer si estamos en una tienda? - dijo Benito

-  Tienda, tienda, esto no es, esto es un concesionario.

-  ¿Cómo qué non e unha tenda? ¿aquí non venden?

-  Claro que vendemos caballero ¿Tienen hora?

-  Sí, hora y reloj, son las seis y cuarto.

-  Me refería a si habían pedido cita previa.

-  Non, non temos una cita, estamos casados o que temos son cartos ¿Esos coches de ahí se venden?

-  Esos coches son de exposición, nuestros coches hay que encargarlos.

- ¡Muy bien! Entonces quiero encargar uno.

 

El vendedor sonrió maliciosamente previendo una tarde divertida a costa de aquel abuelo con boina y acento de aldea gallega.

 

-  ¿Y qué coche querría encargar usía? – dijo con sorna

-  Maruxa, iste home fala muy raro – le dijo al oído a su esposa – Fala tú con él que eu vou-lle dar un mandado.

-  Mire señor, mi marido está encaprichado con un coche de estos. Yo ya le he dicho que mejor fuéramos a la Nissan, pero es muy cazurro.

-  Estos coches son muy caros. Dijo el vendedor.

-  E volta coa burra a o millo. Xa xe dixen que eu tenho cartos. – bramó Benito

-  ¿Y qué coche quiere usted?

-  Xa empezamos a falar como Deus manda ¡Quero un Testarrosa!

-  Eso no puede ser caballero, para tener un Testarrosa hay que ser miembro del Club Ferrari.

- ¡Qué club, ni qué carallo! ¡Maruxa, saca os cartos! – Maruxa abrió su bolso que estaba lleno de fajos de billetes de quinientos euros. – ¿ten suficiente con estos?

 

Al vendedor se le pusieron los ojos como platos, nunca había visto tal cantidad de dinero en efectivo, miró a uno y otro lado buscando la cámara oculta. Esto tenía que ser una broma.

 

-  Creo que no me he explicado bien – dijo, tragando saliva ruidosamente – para encargar un Testarrosa tiene que ser cliente de la marca, para entendernos, tiene que ser propietario de al menos dos Ferrari.

-  Ahhhhh, ya empezamos a entendernos ¿Cuánto valen esos dos de ahí? o roxo i o negro.

-  200.000 euros cada uno.

-  ¡Enton! Non hai problema, me los quedo, ¿xa poido ser miembro do clube ise?

-  Sí, sí, señor – dijo el vendedor afectado de una palidez cérea y cuyas cejas apuntaban al techo producto de la sorpresa.

-  Ben, pois fagame o carné ¿Cuándo puedo venir a recoller o Testarrosa? Maruxa, xa che dixen que o mellor era enseñar os cartos a os fodechinchos.

 

Benigno F. 

 

 


 


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