Así, como el que no quiere la cosa, han pasado diez años desde que leí y reseñé "Los viernes en Enrico's" de este mismo autor, novela póstuma que fue finalizada por otro escritor, pero que me dejó muy buenas sensaciones.
Carpenter es un escritor que no recurre a argumentos enrevesados, ni a giros de guión, ni a personajes excepcionales, ni siquiera sus novelas parece que tengan el clásico orden de planteamiento, nudo y desenlace. Simplemente se dedica a relatar la vida y lo hace con tal verosimilitud que parecen experiencias personales, pero conociendo su biografía, en este caso, no lo parecen.
No tuvo mucho éxito, probablemente es de esos autores de culto y que solo son exaltados tras su muerte, en este caso trágica, porque, el escritor, acuciado por diversos problemas de salud y el suicidio de un amigo, tomó la decisión de quitarse la vida con sesenta y cuatro años.
"Cuando pierdes, pierdes para siempre, y cuando ganas, solo dura un segundo o dos. Ganar es momentáneo. Perder es para siempre."
Sabiendo eso, el tono pesimista de esta novela no resulta sorprendente, porque esta novela no es en absoluto optimista, porque el lector se pasa toda ella esperando un giro en la mala fortuna de su protagonista, pero este no sucede, como muchas veces pasa en la vida, aunque el personaje lo intenta con denuedo. En realidad, toda la novela está llena de perdedores, intentando encontrar sentido a la vida y a sus sentimientos.
"Un pene echa un chorro y yo estoy condenado a una muerte en vida. Tiene que se una locura; tiene que haber un Dios, porque solo un Dios desquiciado podría hacer creado un universo así."
El título original de la novela "Hard Rain Falling" ha sido traducido al español (en mi opinión) con poco éxito por las diversas ediciones de esta novela como "Dura la lluvia que cae" o "Caía una lluvia intensa" y la verdad es que no me acaba de convencer ni una ni otra, pero le llevo dando vueltas a como lo expresaría yo mismo y ninguna de las opciones tiene la intensidad del título original, así que me voy a conformar.
"Menudo embrollo, pensó. Sabes lo bastante para saber que lo que sientes no tiene sentido, pero no lo bastante para saber porqué"
Pese a todas las frases lapidarias que he ido intercalando, la lectura es absorbente, casi como si estuviéramos ante una novela policíaca, pero, poco a poco, va integrándose al lector esa desesperación con la que Jack parece que va renunciado a su redención y resignándose ante los eventos que, como siempre en la vida, nos sobrepasan a toda velocidad, nos empapan como esa lluvia pertinaz que anuncia el título.
El final lo desconocemos, porque el escritor, hábilmente, deja la acción en suspenso para que cada cual la rellene, evita las conclusiones porque, a esas alturas de su vida, no se veía capaz de dar lecciones.
No les diré que es una obra maestra, pero se le parece bastante.
Benigno F.
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