Hace pocos días, en un taller de escritura, el profesor planteó como ejercicio escribir un relato con personajes malvados con características que hicieran al lector empatizar con ellos y esta novela parece escrita expresamente para ese ejercicio. Porque los protagonistas, los hermanos Jewett, consiguen ese propósito. Al fin y al cabo, son unos pringados. Han tenido una vida miserable y esclava, carecen de educación, solo han sido tratados como animales de carga, no han tenido oportunidad, y cuando se ven algo liberados optan por la violencia. Se convierten en asaltadores de bancos y asesinos despiadados, pero el lector (por lo menos yo) se pasa media novela esperando que tengan suerte, que no los pillen y su vida cambie (para bien). Pero esta novela no solo va de sus aventuras y desventuras, también aparecen muchos otros personajes desgraciados por otros motivos y no siempre son individuos poco cultivados (aunque esos abundan). el autor muchas veces opta por un tono satíri...
Tiene gracia la cosa de los titulares periodísticos y los de la crítica literaria son el epítome de como engañar a alguien. El periódico "La Razón" titula: " Una obra maestra del género que atrapa hasta el final " y, claro, uno se pone todo ilusionado esperando encontrar a Chandler, Ellroy, luego lee el resto del artículo y se percata de que nada es lo que parece, porque James Kestrel es el seudónimo de Jonathan Moore, escritor que tiene unas cuantas obras de similar temática y el titular del reportaje no aparece por ningún lado en el artículo. Aún así, pero con la suspicacia gallega en nivel cuatro de la escala de cinco, uno decide darle una oportunidad a la novela, porque quién soy yo para dejarme llevar por los prejuicios o por absurdas preguntas como: ¿Por qué un escritor publica con seudónimo una novela de estilo similar al del resto de su obra? Igual es que quiere engañar a Hacienda porque engañar al lector, uno, en su inocencia, ni se lo plantea. La cosa ...