Si se fían de los comentarios de las fajas de los libros, de la propaganda editorial, de que tiene una serie de varios libros, si les seducen los paisajes nevados y las noches polares, si no se hacen preguntas sobre el argumento, este libro les va a gustar, pero si tienen algo de criterio, si han leído novela negra de calidad, si no les gustan las trampas argumentales, si detectan a kilómetros las trampas de un escritor, no pierdan el tiempo, esta novela es una deyección programada, escrita siguiendo un patrón planificado para lectores que se tragan cualquier cosa. Es que esta es la típica novela que, como no tiene entidad suficiente, necesita de una campaña editorial planificada para convencernos de que vale la pena. Está trazada con escuadra y cartabón para que encaje a la perfección en los parámetros delineados por una empresa de publicidad, que la hacen susceptible de alto número de ventas, pero si uno analiza los personajes y la trama, sufre un episodio de "flushing"...
Me he leído este libro por obligación, mejor dicho por sugerencia como ejercicio, o sea con prejuicios y bastante seguro que no me iba a gustar. Supongo que por eso le he prestado bastante atención, aunque me ha durado menos de veinticuatro horas. La primera impresión al acabarlo es que este libro no lo ha escrito una escritora sino alguien con pretensiones de serlo o a quién han hecho creer que, por el hecho de dedicarse a otras labores artísticas, estaba capacitada para escribir una novela. La segunda idea es que está escrito con trampa, usando un tono infantil en el que ocultar la falta de brillo literario (es muy fácil escudarse en ello y "empatizar" con el lector"). Ese tono infantil se ve interrumpido por la inclusión (muchas veces con calzador), de forma insistente de buenas frases, a modo de "koans", expresamente colocadas para que el lector se pare y subraye. Algunas bastante acertadas, pero usadas a modo de ráfagas y así, como fuego racheado, algu...