Tras la satisfacción proporcionada por la lectura de dos novelas de este autor ambientadas en el antiguo Japón y el soporte de alguna crítica positiva de esta novela, abordé la lectura de esta novela con buena predisposición y con escaso ánimo crítico, a medida que he ido progresando en sus páginas, ambas han ido cambiando. No es que la novela sea mala desde el punto de vista del entretenimiento, sencillamente es que le falta originalidad, abundan los estereotipos habituales de los best sellers y uno no se quita la sensación de estar ante la enésima repetición de "El código Da Vinci" (por mencionar una), con algunas gotas de "los niños del Brasil" y, por supuesto, con algunos datos de artes marciales y ambientes orientales. Todo ello forma un cóctel que resulta agradable al paladar, pero que no aporta nada nuevo ni interesante, con lo que a la novela le falta carácter y resulta difícil de calificar positivamente. Uno no sabe si está ante una novela de ciencia...
Un buen número de premios tiene esta novela y unos cuantos comentarios laudatorios de autores consagrados, por ahí he leído que Stephen King opina que es: « Un talento descomunal. Cada libro suyo es una bomba emocional » o que Dennis Lehane «La novela negra estadounidense ha encontrado su futuro, y su nombre es S.A. Cosby.». Así que uno se pone con ella esperando algo y finalmente entiende que les han pagado para poder publicar sus supuestas opiniones. Empieza la novela y me encuentro con esta frase: " Beauregard pensó que el cielo nocturno parecía un cuadro. Las carcajadas inundaban el aire. Solo las ahogó el estruendo de los motores revolucionados, cuando la luna se dejó ver entre las nubes " y me huele a cuerno quemado. Será por la falta de concordancia ente "las carcajadas" y el verbo, igual es cosa de la traducción, pero el tipo de individuo protagonista que estoy esperando dudo mucho que piense, antes de una carrera ilegal, que el cielo pare...