Pese a todas mis reticencias con este escritor, cuando pasa el tiempo, siempre tengo curiosidad por averiguar las vicisitudes que viven sus personajes y vuelvo a sus novelas. En esta tercera entrega de esta serie (que ya va por la cuarta), cada uno de los miembros de la familia Pelletier se enfrenta a diversos problemas, todos ellos interesantes. Obviamente, siempre hay alguno que destaca sobre los demás, en este caso la aventura como espía en la Checoslovaquia comunista de François. También emerge como un personaje potente e interesante, Collette, la hija de Jean y la malvada Geneniéve que habrá que seguir en la próxima novela porque promete ratos muy interesantes. Esta novela me ha gustado mucho más que la anterior ("El silencio y la cólera") la he leído con ese deleite obsesivo que solo consiguen los buenos escritores de "best sellers" que escogen con habilidad las épocas, las tramas y los personajes para atraer de forma hipnótica al lector hacia sus obras. ...
Entró voluntariamente en el sanatorio, pero no le dejaban abandonarlo. No estaba de acuerdo con su diagnóstico. Catatonia crónica, habían anotado los médicos en el historial, porque solo hablaba lo imprescindible, porque habitualmente se le perdía la mirada y no miraba de frente, porque se ensimismaba dialogando con unas voces en su cabeza, esas que a veces en la medianoche le despertaban ansioso, cuando llamaba a la enfermera. Se cansó de dar explicaciones y pasó al mutismo casi absoluto. Salía todos los días a caminar mañana y tarde, calzado con zapatos de charol, a veces con polainas, impecablemente vestido, siempre con traje gris, chaleco abotonado y sombrero bombín, fuera verano o invierno, hiciera sol, lloviera o nevara. Eso sí, acompañado siempre de un paraguas colgado de su antebrazo derecho. Unos días salía por la derecha y otros por la izquierda. Andaba y erraba, dando vueltas interminables por el enorme parque y el bosque que rodean la residencia, ...