No había leído nada de esta escritora rusa, conocida por sus relatos cortos de fantasía/terror. Me pasó el libro un buen conocedor, que reconoció que había tenido que leerlo dos veces para estar seguro de su opinión. Parece ser que le gustó bastante, aunque manifestó que, en su primera lectura, pensó que "se ha pasado un poco", en la segunda, ese sentimiento, no fue tan fuerte. La novela comienza de forma fulgurante con una sesión de hipnosis y nos adentra en territorios que, de inmediato, nos absorben: la Rusia al final de la segunda guerra mundial, una fuga de un campo de trabajo ruso y la China invadida por los japoneses. Los personajes toman gran dimensión y uno se lanza desbocado a la lectura de esas más de 700 páginas (y sus correspondientes acotaciones). Sin apenas darnos cuenta, la escritora va haciendo giros sinuosos en la trama que muestran caminos muy interesantes (aunque en alguno apenas se adentra) y se va incrementando el número de personajes relevantes en la ...
El roberonio, el elemento químico imprescindible para la construcción de las máquinas de creación de energía inagotable, que permitían el dominio de la Unión de Repúblicas Olímpicas sobre el resto de los países mediante la venta de energía, había sido robado por el espía Prometeo. Ahora, aunque todavía no dominaban por completo su uso, el resto de los estados habían disminuido su dependencia energética, la economía se resentía y los olímpicos estaban preocupados porque consiguieran desarrollar la tecnología para crear los sarcófagos de rejuvenecimiento y curación de los que disfrutaban solo ellos y su dominio declinara. Zeus, el presidente de la Unión de Repúblicas Olímpicas, planeó junto con su científico más brillante, Hefesto, una estrategia para impedir el uso del roberonio fuera de sus dominios. Crearon el bridión, un compuesto químico que, una vez liberado a la atmósfera, era capaz de bloquear el roberonio por un mecan...