El vendedor no levantaba la cabeza de su ordenador, llevaba varios minutos pegado a la pantalla y Benito empezaba a impacientarse. Maruxa, conociendo el carácter de su marido, le sujetaba delicadamente la manga de la chaqueta, presta al tirón para frenarlo. - Benito, sentidinho - le susurró. - Iste home pensa que non temos cartos – contestó Benito de forma audible - ¿Non atenden -preguntó El vendedor, al fin levantó la cabeza, les miró como aire de suficiencia y con voz escéptica espetó: - ¿Querían algo? - ¡Ay, que carallo! ¿Qué vamos a querer si estamos en una tienda? - dijo Benito - Tienda, tienda, esto no es, esto es un concesionario. - ¿Cómo qué non e unha tenda? ¿aquí non venden? - Claro que vendemos caballero ¿Tienen hora? - Sí, hora y reloj, son las seis y cuarto. -...