Pues menudo lío tengo en la cabeza con la serie de novelas de John Connolly y su detective Charlie Parker. Cuando llevaba casi media novela de esta decimocuarta entrega, me he dado cuenta de que la anterior ("El invierno del lobo") no la he leído. Seguramente, como es la número trece, algún instinto atávico gallego me lo ha impedido. Así que, al acabarla, como se dice en catalán: "se m'ha girat feina" y me tengo que leer la que me falta.
Por suerte, no pasa nada, la novela se puede leer sin saber exactamente lo que sucedió en la anterior, porque algo se apunta en el argumento de ésta. Aunque leerla sin tener un cierto bagaje en la biografía previa de su protagonista, puede resultar más complicado.
Como es habitual, John Connolly no falla. Los personajes y el ambiente de Maine están tan bien perfilados que, aunque sucedan hechos paranormales, todo encaja a la perfección en el relato. En este caso, la trama hace intervenir a personas con pasado nazi como rivales, individuos que, obviamente, están más cercanos a la muerte que a la vida por el paso de los años, pero eso no impide que sigan realizando esfuerzos para taparse y no asumir sus responsabilidades.
El sutil análisis sobre la culpabilidad, que introduce el autor en algunos momentos de la obra, resulta bastante interesante y esa neblinosa frontera que, a veces, separa el bien del mal en su obra, ayuda mucho a ello, y eso eleva el nivel de la novela por encima de lo habitual en el género.
Vamos, que es buena, no es vertiginosa, se acomoda al ritmo lento, producto de las recientes heridas, que lleva nuestro personaje principal, pero se va acelerando a medida que avanza la recuperación del detective y, como es habitual, tiene un final épico.
Creo que les gustará si se deciden a leerla.
Benigno F.
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