"¿Qué significa haber vivido cuando se ha dejado de vivir?"
Aquí sí que hay una escritora, aquí sí que se demuestra un ejercicio de calidad sin necesidad de recurrir a la grandilocuencia, a las frases de tipo consigna, a las trampas que estrujan el corazón, a alargar las historias con giros inesperados, simplemente se escribe una historia cuyo desarrollo consigue despertar en el lector el desasosiego, la inquietud que conduce a reflexiones propias, sin necesidad de que le lleven atado a una correa a las conclusiones programadas por la escritora.
"Si todo lo que nos separa de los animales es poder esconderse para defecar, la condición humana no parece ser gran cosa, pensaba."
Porque la Escritora (con mayúsculas) sirviéndose de los más sencillos recursos narrativos, usando una tendencia a la minimalización de los personajes y con una extensión medida, examina las interioridades de la mente humana, las debilidades de nuestro sistema social y político, incluso las diferencias sexuales, pero no recurre a un discurso programado, lo lleva desde la inocencia de la ignorancia, pasando por la pasión por el conocimiento hasta la aceptación de la propia muerte sin encontrar propósito a la vida.
"Hablar es existir. Mira: lo saben tan bien que hablan durante horas sin decir nada".
Ese mundo seco, casi desértico, reproducido en esta distopia, nos ahorra las enormes y aburridas (a veces) descripciones paisajísticas de otras novelas del género y la centra casi en exclusiva en la mente de la protagonista, inicialmente casi vacía (como la de los niños), con afán de rellenarla, con la rebeldía propia de la edad contra la resignación de los adultos, incluso con el liderazgo sobre personas casi reducidas a animales que actúan por instinto, la eleva entre anhelos e ilusiones y la va reduciendo, poco a poco, a la conformidad con la desaparición y al vano intento de perdurar a través de la escritura.
"¡Saber sirve para saber! A veces, con lo que sabemops podemos hacer algo, pero no es lo esencial. Quiero saber todo lo que haya que saber, por nada, por el placer, y ahora exijo que me enseñes todo lo que sabes, aunque nunca me sirva para nada."
En cierto modo, esa protagonista representa a la especie humana confrontada con la realidad de su naturaleza, la deja huérfana de conocimiento, reduce su sentimentalismo a la pura emoción más primitiva y la obliga a adaptarse al medio, a retroceder a las leyes básicas de vida que, hoy en día, tenemos prácticamente olvidadas sustituidas por la tecnología.
"La menor conversación hacer nacer el tiempo. Quizá intenté crearlo escribiendo estas páginas: las empiezo, las lleno de palabras, las pongo en montoncitos, pero sigo sin existir, porque nadie las lee. Las destino a un lector ignoto que quizá no llegue nunca... Pero si ese lector llega, las leerá y tendré un tiempo dentro de su cabeza."
Por si no se han dado cuenta, esta novela me ha gustado mucho.
Benigno F.
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