Si se fían de los comentarios de las fajas de los libros, de la propaganda editorial, de que tiene una serie de varios libros, si les seducen los paisajes nevados y las noches polares, si no se hacen preguntas sobre el argumento, este libro les va a gustar, pero si tienen algo de criterio, si han leído novela negra de calidad, si no les gustan las trampas argumentales, si detectan a kilómetros las trampas de un escritor, no pierdan el tiempo, esta novela es una deyección programada, escrita siguiendo un patrón planificado para lectores que se tragan cualquier cosa.
Es que esta es la típica novela que, como no tiene entidad suficiente, necesita de una campaña editorial planificada para convencernos de que vale la pena. Está trazada con escuadra y cartabón para que encaje a la perfección en los parámetros delineados por una empresa de publicidad, que la hacen susceptible de alto número de ventas, pero si uno analiza los personajes y la trama, sufre un episodio de "flushing" digno de un síndrome carcinoide.
Más de la mitad (o más) de la novela es prescindible, más parece una guía turística que una novela negra, del resto, una cuarta parte es para justificar el escaso carácter de los protagonistas (parecen un poco tontos todos ellos, especialmente el personaje masculino) o para describirnos carreras matutinas, ejercicios o dieta a base de platos repugnantes y el resto es una historia policíaca que ni fu, ni fa.
La autora recurre a todas las trampas posibles encuadradas en los parámetros de moda para enganchar al lector: escenarios atractivos que despiertan deseos de viajar, protagonista femenina que alterna sensibilidad con gran fuerza (lo del surf sola, en invierno, en Islandia, es un relleno infumable), personajes masculinos con debilidad de carácter o maldad manifiesta, crímenes antiguos sin resolver que afectan a tiernos infantes, traumas de juventud e incluso enfermedades hereditarias. En definitiva, personajes principales llenos de defectos, pero todos ellos justificables. Por si alguien no lo ha entendido bien: un (sub)producto de diseño, sin nada de creatividad y mucho menos de calidad.
Un consejo: si tienen un mínimo de criterio, no pierdan el tiempo y ni lo intenten.
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