Libro: “Virgili Planasdemunt i Torriba, matador de toros.”
Autor: Juan Gabino Zamarón
La editorial “La Contractura”, en su labor de recuperación de obras rescatadas en baúles y altillos polvorientos, publica la biografía del malogrado torero de Vic, escrita, probablemente en los años treinta, por el hoy olvidado escritor y periodista gallego Juan Gabino Zamarón.
En una entrevista para el periódico “La Alcazaba”, Juan Gabino Zamarón, al conocer el fallecimiento del torero declaraba: “Conocí a Virgili Planasdemunt cuando coincidimos en un ingreso en el sanatorio de Sobrado dos Monxes. Él ingresó obligado por su familia de Vic que quería extirparle la “piedra de la locura” flamenca y taurina, yo andaba escondido por un asunto de faldas. No tengo ni idea de tauromaquia, ni he pisado una plaza de toros en mi vida, pero he sentido siempre curiosidad por las conductas aberrantes y suicidas.”
Es muy probable que la noticia de la muerte del torero, cuando trabajaba de conserje en un hotelito de mala reputación en la parte baja de las Ramblas, motivara al escritor a la profunda investigación sobre su vida, hoy revelada en esta biografía.
Esta obra, sin duda creará polémica entre la paniaguada prensa taurina, porque no es una exaltación de los valores del toreo, ni de la estética de las corridas. No entra en detalles sobre verónicas y naturales, no habla de capotes y muletas y ni siquiera menciona a ganaderías. Es una profundización en el perfil psicológico del que iba para figura.
Efectivamente, Virgili Planasdemunt fue condenado al ostracismo de la profesión torera tras negarse a matar un toro en su debut en la plaza de El Toril de la Barceloneta. Desapareció de la prensa taurina, su nombre se borró del Cossío y solo se ha oído hablar de él como torero a un anciano en la consulta del urólogo en Tarragona, allá por los años noventa y por el controvertido cronista taurino Joaquín Vidal en la tertulia “Las vacas enviudan a las cinco”.
Su negativa a ejercer su profesión no fue por amor al animal ni falta de oficio, fue un ataque agudo de “síndrome de piernas inquietas” que desencadenó una repentina y cobarde huida saltando las tablas, siendo detenido a la carrera por la policía a la altura del rompeolas. Siguió moviendo las piernas incluso encerrado en el calabozo hasta que recibió una inyección de vitaminas. Víctima de la enfermedad, no reapareció nunca.
Zamarón, con su habitual maestría, explica así su efímera fama: “Planasdemunt era admirado por su quietud. No despegaba los pies del suelo mientras pasaba el toro bajo la muleta, pero no era un signo de valentía, era víctima de una parálisis paroxística producida por el miedo a la cogida y solo atinaba a girar lentamente los pies y a mover acompasadamente las manos, aunque su cerebro siempre le impelía a la fuga”.
Con su experta mano, el escritor consigue la transmutación del traje de luces del torero en armadura quijotesca y ejerciendo el papel de Sancho Panza acompaña a Planasdemunt en un viaje epistemológico por lo que hoy conocemos como una enfermedad extrapiramidal por degeneración de los núcleos grises cerebrales secundaria a la obsesión por la lectura.
El escritor, demuestra una encomiable labor investigadora, ahonda en las causas que llevaron a este hijo de familia burguesa a escoger esa profesión en contra de su familia. Lo sigue tras su retirada, relata su renuncia a su condición de hereu. Recrea con precisión los bajos fondos barceloneses de principios del siglo XX, donde ejerció como camarero y ocasional bailaor de flamenco en un tablao y descubre los motivos de su triste final como conserje de lupanar, cuando, en un olvido de su medicación, falleció de una cornada por una cabeza de toro disecada que le cayó encima por culpa de sus movimientos espasmódicos durante los empujes de la lujuria.
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