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Vivir sin...

sin.
(Del lat. sine).
1. prep. Denota carencia o falta de algo.
2. prep. aparte. Llevó tanto en dinero, sin las alhajas.
3. prep. Ante un verbo en infinitivo, equivale a no con su participio o gerundio. Me fui sin comer, esto es, no habiendo comido.

"No podría vivir sin..." Rellénense los puntos suspensivos y nos saldrá la típica frase estúpida soltada como autodefinición en cualquier conversación o escrito. Llega al mismo nivel de sandez que lo de "amigo de mis amigos" (¡No te fastidia! ¿De quien vas a ser amigo?). Frase que suelen utilizar para definirse aquellas personas que entregan su amistad con demasiada facilidad, los típicos "abrazafarolas" que prometen hermandad eterna y que en general suelen ser incapaces de contar con los dedos a sus verdaderos amigos, que recurren a cualquiera ante las dificultades y (cuidado) también suelen ser los primeros en girar la espalda ante los adversos avatares. La mayoría de ellos lo hacen porque carecen de definición propia o no tienen nada que decir sobre la persona a la que se la aplican.

Pero hoy no quiero hablar de estos individuos. Hoy quiero recordar a todos esos que "viven sin...". Todos esos que han renunciado o simplemente prescinden de algunos, varios o todos los aditamentos materiales que la sociedad, la cultura, los amigos, la política consideran imprescindibles. Algunos lo hacen porque no tienen más remedio, víctimas de la crisis, el paro o la falta de resuello.

Pero los que peor lo pasan son los que se han acostumbrado a vivir sin lo inmaterial (sin ilusión, sin cariño, sin consuelo, sin salud o sin amor) como algunos de esos compañeros anónimos que miran al vacio mientras se mueve el autobús en esa cuarta dimensión matutina. Algunos (normalmente mujeres de cierta edad) sosteniendo el móvil esperando la vibración deseada de algún mensaje matutino, casi siempre de hijo, marido o amante, porque ellas siempre están pendientes de alguien. Otros con la mente en blanco, sin prestar atención a lo que les rodea, haciendo tiempo dormitando o ausentes, mientras llegan a un destino rutinario.

Todos estamos acostumbrados a vivir sin... Añadídle lo que queráis y seguro que os da que pensar.

Este síndrome sólo afecta a las personas de cierta edad. Se desarrolla con la madurez y se acentúa con la vejez, que son los ejercicios finales de esa rutina de entrenamiento intenso para vivir sin... vida.

"Yo creía que estabas entre la muerte y yo. / No sabía que estaba entre la vida y tú". Paul Valery

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