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Espejos y escaparates.

Entiendo bien la función de los espejos como objetos decorativos encerrados en los domicilios, a la búsqueda de reflejos y efectos en los espacios imaginarios creados en su interior, incluso los acepto para acicalarse en el baño si no hay más remedio.

No entiendo a la gente que se empeña en mirarse en ellos ¿Qué busca alguien cuando se sube como pasajero a un coche y de inmediato despliega el parasol para buscarse los ojos? Serán expertos oftalmólog@s repasando la anatomía ocular antes del quirófano o investigan  enfermedades observando el color y la disposición del iris tras las esferas acuosas. ¿Qué pretenden? Cuando sacan tras rebuscar un buen rato en el bolso un mínimo espéculo y se revisan maquillaje, pestañas, cejas, puntos y barrillos en el metro. Ejercicio inútil muchas veces y de una intimidad tan seria que me hace sentir extraordinariamente incómodo. Como si estuviera espiando a alguien mientras se está vistiendo.

Y la cara que se les pone a algun@s cuando se buscan en los covalentes cristales de un banco mientras disminuyen el ritmo de su paso ligero y se revisan la vestimenta y rectifican la postura por si alguien les mira (Yo mismo) y se tocan y alisan el cabello o los pliegues obligados por los cuerpos. ¿Qué piensan? ¿Filosofan sobre la vida? ¿Peroran sobre la crisis? ¿Reflexionan sobre la moralidad de los usos de los impuestos?

Olvidan que los espejos están ligados a lo esotérico, a los agüeros, que dan entrada a pasajes paralelos en los que puedes quedar encerrado, sin posible salida, como esos personajes de los cuadros que nos miran pidiendo socorro desde hace siglos, suplicando una salida, viéndonos inmóviles, como maniquíes paralizados frente al reflejo de escaparates. Son dobles nuestros, unos dobles tan violentamente reales que no debiéramos reconocernos, porque no coinciden con nuestra imagen occipital, suelen tener arrugas insospechadas, incorregibles por mucho que nos empeñemos.

Los animales no se reconocen en los reflejos. Reaccionan con violencia o miedo, enseñan furiosos los dientes o salen huyendo. No quieren saber de oráculos, saben que esos que les miran no son ellos.

"Hoy, hoy al fin borré tu reflejo. Ni rastro del vapor de tu aliento. Entonces ¿Por qué no me atrevo a mirarme de nuevo?"


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