Hace pocos días, en un taller de escritura, el profesor planteó como ejercicio escribir un relato con personajes malvados con características que hicieran al lector empatizar con ellos y esta novela parece escrita expresamente para ese ejercicio.
Porque los protagonistas, los hermanos Jewett, consiguen ese propósito. Al fin y al cabo, son unos pringados. Han tenido una vida miserable y esclava, carecen de educación, solo han sido tratados como animales de carga, no han tenido oportunidad, y cuando se ven algo liberados optan por la violencia. Se convierten en asaltadores de bancos y asesinos despiadados, pero el lector (por lo menos yo) se pasa media novela esperando que tengan suerte, que no los pillen y su vida cambie (para bien).
Pero esta novela no solo va de sus aventuras y desventuras, también aparecen muchos otros personajes desgraciados por otros motivos y no siempre son individuos poco cultivados (aunque esos abundan). el autor muchas veces opta por un tono satírico y consigue hacer bueno el principio de Hanlon: "No atribuyas a la maldad lo que suele ser estupidez" (o algo así).
Obviamente, el argumento y sus personajes nos remiten a McCarthy, a Steinebeck y a Faulkner. en definitiva, a los mejores narradores norteamericanos.
El autor presenta una amplia panoplia de personajes y tiene el gran mérito de perfilar perfectamente a todos ellos, los inunda en el barro, en la hipocresía, en la desesperación e incluso en la mierda y es capaz de otorgarle a todos ellos un final adecuado, con lo que consigue ofrecer un relato que va más allá de lo que sería un simple western, consiguiendo un retrato de la época cínico, escéptico y con las dosis justas de pesimismo.
No podemos calificarlo de innovador, por los parelelismos con otros autores con mayor prestigio y antigüedad, pero escribe con suficiente maestría para dejarnos muy satisfechos.
Benigno F.
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