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La vegetariana - Han Kang

 La vegetariana 

He leído este libro porque me ha vencido la curiosidad al ver el poco acuerdo sobre "de qué va" entre varias personas. Incluso una se atrevió a criticar el titulo indicando que debería haberse titulado "La vegana". A mí, que alguien se atreva a corregir el título original a un autor (lo he buscado en coreano y significa estrictamente eso), me parece de una osadía inusual o de una ignorancia supina. Me sorprendió que varias de ellas calificaran los acontecimientos relatados como "desagradables" e incluso "repugnantes", que hablarán de "violencia" y, por supuesto, del "patriarcado". Nada de eso he visto, de forma explícita, en la novela.

Resulta interesante comprobar como cada cual ve las cosas a través de su propio prisma y las deforma a su gusto para (intentar) comprenderlas. Especialmente interesantes son los esfuerzos que hacen algunas personas para adecuarlas a su experiencia personal y acomodarlas entre sus dogmas.

En definitiva, en mi opinión, no tiene relevancia en absoluto intentar adivinar la intención de la autora de esta obra, ni de su título, y menos resumirla en una simple palabra, lo que es seguro es que esta novela no va en absoluto de vegetarianos o de veganos. De hecho, si se me permite la osadía, un título extraordinario hubiera sido el del segundo relato: "La mancha mongólica".

La propia autora (según la Wikipedia) en una entrevista afirmó: «Creo que esta novela tiene algunas capas: cuestiona la violencia humana y la (im)posibilidad de la inocencia; define la cordura y la locura; la (im)posibilidad de comprender a los demás, el cuerpo como último refugio o última determinación, y algunas más. Será inevitable que los distintos lectores y trasfondos culturales se centren más en diferentes aspectos. Si pudiera decir una cosa, esta novela no es una acusación singular al patriarcado coreano. Quería abordar mis preguntas de larga data sobre la posibilidad/imposibilidad de la inocencia en este mundo, que está mezclado con tanta violencia y belleza. Estas fueron preguntas universales que me ocuparon mientras la escribía». Esta descripción de la propia autora me ha ayudado a ordenar mejor mis sensaciones y pensamientos tras la lectura. 

La novela está estructurada en tres capítulos con tres puntos de vista, mientras evoluciona la historia. En mi cabeza se han ordenado como la descripción en un manual antiguo de patología de una enfermedad de la que se desconocen etiología y tratamiento, solo se puede describir su evolución y los diferentes intentos de terapia empírica que no dan resultado. 

Así, como caso clínico, descrito desde dentro, por diversos observadores que se van contagiando del mismo microorganismo que la paciente índice y en los que se manifiesta por otra sintomatología (la  repugnante indiferencia y huida del esposo; el deseo sexual obsesivo como inspiración artística del cuñado; y la sensación de culpabilidad, tamizada por el instinto maternal, de la hermana), la autora consigue de forma magnífica que el lector se contagie por la misma ansiedad vital que ataca a todos los protagonistas. Todos ellos enredados en la búsqueda causas y explicaciones, pero sin resolver nunca el acertijo de la vida. 

Por supuesto, destaca la indiferencia sentimental de los personajes masculinos, asumida sin ningún tipo de cuestionamiento ni culpabilidad. Cómo todo el entorno (también el femenino) se niega a aceptar que alguien se aleje de la "normalidad" haciendo algo que no encaja en los cánones sociales que tienen asumidos y, ante la falta de respuesta, optan por el autoritarismo, la utilización, la desatención y la negligencia.  

La escritura es de enorme belleza, directa, con escasas florituras, de sensaciones a flor de piel, de contradicciones, porque el lector, llega un momento que no sabe de que parte ponerse, porque uno intenta ocupar siempre el "lado bueno" (que parece el de la vegetariana), pero resulta incómodo darse cuenta de que, muchas veces, ante la libertad individual, lo correcto no existe y nadie está libre de trastornos, ni es estrictamente culpable o inocente.

En definitiva, que pasan los siglos, que evoluciona el pensamiento humano y seguimos buscando razones para todo (a veces no las hay) y sin entender como la vida puede resultar maravillosa y cruel al mismo tiempo.

Benigno F. 


 

 

 

 

 

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