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Santuario - William Faulkner

Me hubiera gustado sentarme a charlar un rato con este escritor. Seguramente hubiéramos encontrado puntos de encuentro. Su desconfianza en la naturaleza humana, su escepticismo sobre todo lo establecido y su mirada ácida (con mala lecha y también tristeza), se parecen mucho a las mías. Seguramente en esa charla le hubiera criticado seriamente el desarrollo de esta novela calificada algunos (ingenuos) como magistral, de forma exagerada en mi opinión. El autor que sabía de verdad lo que había hecho la aborrecía. Eso debía ser por algo.

La novela está plagada de medias palabras, de diálogos inacabados entre algunas pormenorizadas descripciones y escasos detalles personales de los personajes, no por ello excelentemente caracterizados. Es una novela esbozada a brochazos, quizás autocensurada, para ocultar a los ojos del lector la violencia, la maldad o la mala leche, o simplemente para dejar al libre pensamiento la imaginación de todo lo perverso y lo escabroso de la acción, probablemente para dejar en el que lee una sensación culpable y que no se sienta ajeno a la maldad de una historia en la que nadie es inocente. Como culpables son todos los que aparecen en esta trama narrada a veces a saltos y con hechos sucedidos a destiempo. Obligando a deducir como si fuera una novela de misterio aunque no lo es.

He leído algunas opiniones totalmente equivocadas que la califican de novela negra, no es así porque en ningún momento se resuelve la trama y quedan muchas dudas para darle vueltas a su término. De hecho casi no hay trama porque todo es evidente aunque oculto a nuestros ojos, el escritor nos ahorra lo escabroso poniéndonos una venda ante el pelotón, tapándonos los ojos con la mano, aunque es tan asfixiante la atmósfera de la historia y que sobrepasa al que la lee incluso con los ojos tapados. La tragedia se masca, crece en el horno del escritor y al final se desborda.

Una novela que no encaja para nada en nuestro tiempo lleno de individuos buenistas e ingenuos, de infantilismos casi tan perversos como es la inútil malicia que destila este libro y que muchos leerán como pensando que no va con ellos.

PD: Para el autor o el traductor. Las córneas no son blancas, en todo caso las escleróticas.



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