Han pasado más de diez años desde mi reseña de "Anatomía de la memoria" del mismo autor. Recuerdo como, al finalizarlo, me sentí satisfecho por haber superado y disfrutado el reto que me supuso su lectura. Así que, al ver este libro, con este título tan sugerente, en la estantería, no me pude resistir a la tentación de comprarlo.
Supongo que tras esos diez años, he perdido la forma física, mis entrenamientos lectores deben ser suaves (cosas de al edad) y el escritor le plantea al lector una prueba deportiva solo abordable para grandes atletas de la lectura.
Porque este libro aborda un tema trágico e interesante, pero el autor, lo devalúa complicando la lectura, usando una escritura casi poética, inventando palabras, uniendo otras, omitiendo de forma aleatoria signos de puntuación, saltando de un lado a otro, rodeando el núcleo que (se supone) pretende resaltar, criticar (darle visibilidad).
Y, claro, uno no está ya para triples mortales con tirabuzón, como mucho puede hacer unas pocas flexiones y sentadillas, con no poco esfuerzo, y eso produce la aparición rápida del cansancio, agujetas dolorosas y serias dificultades levantarse al día siguiente y volver a realizar el mismo ejercicio extenuante.
Por todo ello, considero que este libro no es para mí, ni para cualquiera, seguramente es para unos pocos superdotados que lo pueden apreciar, para que luego, subidos en el podio de los pocos premiados, mirar con superioridad al resto de los mortales, luciendo una medalla.
El otro día alguien decía que para que un libro sea interesante, una de las primeras condiciones es que se pueda leer. Pues el autor se ha empeñado en poner trabas al lector de forma constante y eso que ha empleado quince años en ello. Seguramente esforzándose en hacerlo difícilmente legible.
El escritor embarca al incauto con bellas y armoniosas palabras, misterios a punto de desvelarse, para a continuación sumergirlo en un mar de frases en el que es muy difícil mantenerse a flote y, abandonado en alta mar, le cuesta mucho esfuerzo volver a la orilla correcta.
No dudo de las buenas intenciones del autor, pero como lector, no he superado la prueba. He estado a punto innumerables veces de abandonar el entrenamiento, de darme por vencido y solo he podido acabar por honrilla, con la misma sensación que cuando vas a una clase o conferencia de alguien brillante y te hincha tanto la cabeza de datos que, al final, no sabes de qué ha hablado y eres incapaz de extraer conclusiones con claridad.
Porque la estructura, y más cuando es una temática reivindicativa, es fundamental y el autor ha sacrificado la estructura, olvidando que con las mismas palabras y un armazón más ordenado, podría haber construido una gran obra
Benigno F.
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