A veces vale la pena tomarse unos días para reflexionar sobre un libro antes de escribir sobre él. Examinar que poso ha dejado, ver la historia desde otro "prisma" que no sea el del arrebato de la lectura desbocada, Entonces, se suelen ver las cosas de otra manera.
Eso es lo que me ha pasado con este primer libro de la saga "El Portador de la luz" (ya van por cinco) al que llegué después de leer muchas alabanzas, algunas de ellas haciendo hincapié en su originalidad, en lo innovador de su argumento, especialmente en cuanto a la magia empleada basada en la "luxina" y en los colores.
Seguramente es que, como soy daltónico, el tema de los colores no me acaba de resultar atractivo, probablemente he leído demasiada literatura fantástica para que consigan sorprenderme y sin duda, mi afilado bisturí escéptico también intervienen en mis reflexiones, pero, sintiéndolo mucho, no me ha convencido. El autor ha querido hacer un híbrido de "Dune", "La rueda del tiempo" y "Nacidos de la bruma" y se le ve demasiado el plumero. Buena envoltura, excelente aspecto, pero olor y sabor a ultraprocesado de supermercado.
En primer lugar, el argumento está más visto que el tebeo por mucho que lo adornen con efectos mágicos y colores rutilantes, la base de la historia es la de siempre: Un mundo mágico, un líder carismático y casi plenipotente con mútiples enemigos, un huérfano (gordito y un poco inútil) que resulta tener capacidades increíbles y una genética insospechada, unos malvados con aviesas intenciones y unos personajes secundarios interesantes que acompañan a nuestros héroes de maravilla y sobreviven a numerosas vicisitudes de forma casi milagrosa. Por supuesto, la novela tiene algunos ingredientes que solo se apuntan para llamar la atención del lector y que se desvelarán en las continuaciones de las novelas.
Todo ello engordado hasta la extenuación por interminables descripciones de edificios, vestidos, paisajes, batallas y efectos mágicos (en technicolor) hasta llegar a las más de setecientas páginas. Te puedes saltar tranquilamente diez o doce páginas seguidas sin que pase nada relevante para la historia cuando se pone a describir ciudades, dotarlas de un pasado, etc. Especialmente tediosa la parte en la que se dedica a la llegada de Corvan Danavis a Garriston.
Además, como el autor sitúa la obra en una situación que necesita de un amplio contexto previo, se dedica a darnos ese contexto en mitad de los capítulos con diferentes protagonistas, pero no se conforma con breves pinceladas que sean suficientes, a veces nos larga rollos innecesarios sobre historia, personajes y situaciones que a mí me han resultado soporíferos.
Me lo he leído muy rápido, con avidez porque, al fin y al cabo, uno es un adicto a estas historias, pero la "droga" está tan adulterada que no te deja ni síndrome de asbtinencia (y yo que me quejaba de Steven Eriksson y de Brandon Sanderson).
En definitiva, la nada más absoluta desde el punto de vista intelectual, y algo interesante desde el "prisma" del entretenimiento, solo sirve para pasar el tiempo si no tienes nada interesante que hacer, pero si a usted le ha entusiasmado, no pasa nada, ya saben que se me da muy mal distinguir los colores por falta hereditaria de un adecuado "prisma" retiniano que desvía mi gusto a una escala de colores inexistente para el resto de los mortales. Confórmense con la canción.
Benigno F.
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