He leído mucha ciencia ficción en los últimos cincuenta años. He leído a Asimov, Dick, los Strugasky, Lem, Clarke, Bradbury ¿Y por qué les cuento todo esto? Simplemente para que tengan en consideración que, quizás, tengo algo de criterio para opinar sobre una obra supuestamente clave del género e iniciadora de lo que llaman ciberpunk, y mi opinión es que esta novela, como poco, está sobrevalorada y quizás sea capital, pero para otros.
Es probable que el argumento funcionara como cómic o como película porque esos formatos no precisan que el observador imagine menos que a través de la escritura, pero como novela, como artefacto literario, esta obra tiene muchos déficits. Vamos, que está mal escrita, que el escritor tiene todas sus ideas en la cabeza (seguramente después de haberse tomado unos cuantos tripis) pero no tiene ni idea de como ponerlas por escrito y que soporten un análisis más allá de lo alucinante que puede ser su lectura para ciertas personas a las que su cerebro les dota de la capacidad de imaginar y recrear en su mente algo que no aparece en las palabras empleadas por el escritor.
A la novela le sobra la mitad de su volumen y de las palabras, tiene abundantes partes descriptivas innecesarias (algunas chorrras y absurdas) e incomprensibles, los saltos de escenario son constantes y es fácil perderse, uno no sabe si lo descrito sucede en el mundo real de la narración o en el cibernético al que se conecta el protagonista con toda una serie de aparatos confusos. Todo ello para engordar artificialmente una historia que resulta ser muy simple.
En mi opinión, para hacer una buena obra de ciencia ficción no basta con llenarla de datos complejos de física, de maquinarias maravillosas solo comprensibles para ingenieros, nombres de medicamentos que solo algunos catedráticos de farmacología saben lo que significa o detalles de la anatomía humana solo accesibles a estudiantes de medicina y de complejos saltos cuánticos. La creatividad de la ciencia ficción no está en la "ciencia" sino en la "ficción" y la de esta novela es poco consistente.
Al acabarla he recordado que hace poco intenté leer por segunda vez (me la regalaron hace muchos años) los dos tomos de "Las crónicas de Jerry Cornelius" escrita en los setenta por Michael Moorcok y le veo algunos puntos de coincidencia, aunque Moorcok es claramente superior a Gibson y el grueso del resto de su obra es mucho más apreciable que una brizna de ésta. Por segunda vez no la soporté o sea que igual la culpa es mía y no estoy bien dotado para entender algunas "grandes obras".
También he tenido la misma sensación que cuando íbamos a ver películas de "arte y ensayo", algunas de ellas invitaban al reposo anestésico, al salir del cine todos teníamos la misma cara de atontados, probablemente a todos nos habían resultado tediosas y al final solo podías articular frases tipo: "muy buena la fotografía" porque nadie se atrevía a decir que le parecía una boñiga o que no había entendido nada.
Benigno F.

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