Entró voluntariamente en el sanatorio, pero no le dejaban abandonarlo. No estaba de acuerdo con su diagnóstico. Catatonia crónica, habían anotado los médicos en el historial, porque solo hablaba lo imprescindible, porque habitualmente se le perdía la mirada y no miraba de frente, porque se ensimismaba dialogando con unas voces en su cabeza, esas que a veces en la medianoche le despertaban ansioso, cuando llamaba a la enfermera. Se cansó de dar explicaciones y pasó al mutismo casi absoluto. Salía todos los días a caminar mañana y tarde, calzado con zapatos de charol, a veces con polainas, impecablemente vestido, siempre con traje gris, chaleco abotonado y sombrero bombín, fuera verano o invierno, hiciera sol, lloviera o nevara. Eso sí, acompañado siempre de un paraguas colgado de su antebrazo derecho. Unos días salía por la derecha y otros por la izquierda. Andaba y erraba, dando vueltas interminables por el enorme parque y el bosque que rodean la residencia, ...
Así, como el que no quiere la cosa, han pasado diez años desde que leí y reseñé " Los viernes en Enrico's " de este mismo autor, novela póstuma que fue finalizada por otro escritor, pero que me dejó muy buenas sensaciones. Carpenter es un escritor que no recurre a argumentos enrevesados, ni a giros de guión, ni a personajes excepcionales, ni siquiera sus novelas parece que tengan el clásico orden de planteamiento, nudo y desenlace. Simplemente se dedica a relatar la vida y lo hace con tal verosimilitud que parecen experiencias personales, pero conociendo su biografía, en este caso, no lo parecen. No tuvo mucho éxito, probablemente es de esos autores de culto y que solo son exaltados tras su muerte, en este caso trágica, porque, el escritor, acuciado por diversos problemas de salud y el suicidio de un amigo, tomó la decisión de quitarse la vida con sesenta y cuatro años. " Cuando pierdes, pierdes para siempre, y cuando ganas, solo dura un segundo o dos. Ganar es...