Mucho tiempo me ha costado leer este libro. Llevaba almacenado en mi biblioteca años, bien visible, con la factura de la compra guardada entre sus páginas, una de esas facturas en las que la tinta se va desvaneciendo de forma espontánea. En ésta apenas se vislumbra el año 2013. Tengo que acercarme a la luz diurna para ver la fecha casi al trasluz.
Así que este libro me ha costado leerlo trece años, así que el esfuerzo ha sido extraordinario, casi sobrehumano.
"El tiempo no posee ninguna realidad. Cuando nos parece largo es largo, y cuando nos parece corto es corto; pero nadie sabe lo largo o lo corto que es en realidad."
La novela es un clásico de la literatura universal y de un autor premiado con el Nobel hace casi un siglo, así que "algo tendrá el agua cuando la bendicen" y por eso ha sido calificado como "imprescindible", así que uno se siente culpable cuando ve como se le hace cuesta arriba la lectura. Por suerte, en un blog que sigo, también lo califican como "empachoso" y eso me deja más tranquilo, porque acabarlo ha sido un esfuerzo titánico.
Es indudable que el escritor escribe de maravilla, utiliza las palabras con precisión de relojero, es detallado en sus análisis y tiene una formación cultural inmensa, pero a mí todo eso se me amontona, ralentiza el avance de la lectura y he estado todo el tiempo teniendo la sensación de estar atravesando por una capa de nieve espesa en la que se te hunden los miembros inferiores hasta la rodilla y para avanzar unos pasos se precisa de mucho tiempo y eso hace perder la paciencia y, a menudo da ganas de rendirse y dejarse llevar por la dulce indolencia.
"Sencillamente quería decirle que a veces es muy difícil discernir la estupidez de la inteligencia. Es tan difícil separarlas, están a un paso tan pequeño la una de la otra ¿verdad?"
No voy a contar nada del argumento porque es muy conocido y porque considero que no es más que una excusa del escritor para ofrecernos una enciclopedia cultural de su tiempo, toca todos los temas cruciales de la vida (y de la muerte), de la filosofía, de la política, la enfermedad (es muy minucioso y preciso en los temas médicos) y, sobre todo habla sobre el tiempo (y también del clima) y todo ello puede llevar al lector a reflexiones muy interesantes, pero la reflexión se ve trabada por la abundancia de palabras y argumentos contrapuestos y, casi siempre, finaliza el discurso sin conclusiones. El lector asiste a la lectura como si fuera un alumno en una excelente lección de cátedra, un gran discurso del profesor con la audiencia embelesada, pero tan elevado que sobrepasa a su conocimiento y al final acaba no entendiendo nada.
"En efecto, nuestra muerte es más un asunto de los que habrán de sobrevivirnos que propiamente nuestro."
El autor toma la figura de narrador imparcial, nunca se inclina claramente por una idea y solo ocasionalmente declara su predilección por un personaje, deja al libre albedrío del lector la resolución de los análisis de los problemas planteados y eso es muy difícil, hay que estar muy bien preparado y yo no lo estoy (o no quiero estarlo).
Eso sí, está lleno de pasajes que merecen subrayado o página doblada, que adecuadamente utilizados pueden ser usados para aparentar doctorado ante incautos que no hayan leído la obra.
"¿Puede narrarse el tiempo, el tiempo en sí mismo, por sí mismo y como tal? No, eso sería en verdad una empresa absurda. Una narración en la que dijera: «El tiempo transcurría, se esfumaba, el tiempo fluía» y así sucesivamente... Ningún hombre en su sano juicio consideraría algo así como un relato."
Creo que es una novela que no se debería leer de forma convencional, sino más bien aleatoria, parcial, ocasional, abrirla por un capítulo, degustar quince o veinte páginas y luego cerrar el libro y los ojos, dejando que se aposente en el encéfalo. Dejar pasar el tiempo, corto o largo y volver ocasionalmente a ella, nunca terminarla.
La voy a guardar otro tiempo y quizás algún día vuelva a esa montaña aislada con ese afán observador y de aprendiz perenne que demuestra Hans Castorp.
"¡Dejemos que sea ambiguo el significado del amor, por Dios! Esa ambigüedad es vida y es humanidad y sería una falta de inteligencia terrible preocuparse por esa ambigüedad."
Benigno F.
Confieso que yo tuve que dejarlo por motivos parecidos a los que describes.
ResponderEliminarY luego decidí que me había confundido y debía haber atacado Los Bruddenbrock, pero creo que ahora ya no me voy a atrever.
Gracias