La realidad es que el personaje de Ripley va creciendo, a ojos del lector, en humanidad y disminuyendo en cuanto a inmoralidad a medida que avanzan las novelas. Esta cuarta novela, escrita veinticinco años después de la primera, es una clara muestra. Lo más probable es que el personaje también creciera en la mente de la escritora y fuera capaz de olvidar su pasado despreciable tras tantos años acompañándolo. Esto también pasa, a veces, con las personas que a fuerza de convivir, olvidan e incluso perdonan lo imperdonable.
En esta cuarta entrega, Ripley apadrina a un joven que ha huido de su familia tras un hecho trágico. Muchas coincidencias consigo mismo y su pasado. Se convierte en mentor, defensor y protector, pero los vericuetos de la vida son insondables y algo de tragedia hay siempre en esta serie de novelas de Highsmith que nos hace poner los pies en el suelo.
Desde mi punto de vista, las novelas de esta serie, no solo mantienen la calidad, sino que siguen creciendo paulatinamente, la evolución del personaje es coherente y las historias están perfectamente cohesionadas y, pese al transcurso de los años, no hay contradicciones. Todo eso tiene un mérito extraordinario aparte de la calidad literaria ya que con una prosa sencilla, la autora es capaz de alcanzar cotas artísticas muy elevadas.
Solo me falta una novela y tengo algo de pena antes de empezarla porque supone la desaparición del personaje, aunque la obra queda ahí para la posteridad y, al fin y al cabo, esa es una de las finalidades de la escritura, que pueda perdurar.
Benigno F.
Recuerdo que me leí los cinco libros que editó en un tomo rojo (la ahora maldita) Anagrama, de seguido, el mismo verano. Y fue muy satisfactorio, la verdad.
ResponderEliminarY, como bien dices, la evolución del personaje era muy coherente.
Gracias