Pues así, como si nada, han pasado diez años desde que leí la magnífica "Stoner" de este autor y empecé esta novela pensando en encontrar algo parecido y me he equivocado totalmente, no por la calidad, porque la tiene de sobras, ni por la temática que sabía diferente, sino por el tratamiento de los personajes e incluso el estilo, mucho más directo y crudo que la anterior.
La primera decepción me la he llevado al empezar el libro y darme cuenta que el inicio me sonaba a conocido, porque los personajes y situaciones encajaban con una película que no me había gustado mucho, y he caído en que hay una película reciente y prescindible protagonizada por Nicholas Cage. Ese detalle ha hecho que dejara un poco apartada la novela, como sin darle importancia, leí una tercera parte y paré pensando en que ya sabía que pasaba y no me acababa de atraer, que igual era tan decepcionante como la película.
Craso error, porque hay diferencias en la configuración de los personajes, en las crudas descripciones de matanzas de bisontes y ventiscas y, sobre todo, en las sensaciones que se desencadenan en el lector que acompaña a esos cuatro aventureros en búsqueda del "Santo Grial" o de la ballena blanca o de Itaca. Intentando encontrar algo que les redima, que demuestre que vale la pena la vida.
"Pues no hay nada, ¿entiendes? Naces, mamas mentiras, te crías en casa con mentiras, aprendes otro tipo de mentiras en la escuela. Toda una vida llena de mentiras, y luego, cuando ya vas a morir, tal vez te das cuenta de que no hay nada, nada salvo tú mismo y lo que podrías haber hecho. Pero, claro, no lo hiciste porque esas mentiras decían que había algo más. Y entonces te das cuenta de que podrías haber tenido el mundo entero, siendo el único que conoce el secreto... Pero ya es demasiado tarde. Te has vuelto viejo y no hay vuelta atrás."
El autor va más allá del argumento de un simple western, se regocija en las sensaciones de los protagonistas, no en sus motivos que son poco más allá que instintivos, construye personajes de una solidez ebúrnea, casi como estatuas de los clásicos y su periplo trasciende a epopeya, sin tener que recurrir en ningún momento a la violencia explícita, pero hay violencia. Todo ello lo consigue sin necesidad de grandes y elocuentes palabras, con un lenguaje directo, tan simple como la propia naturaleza humana.
Uno no se explica como este escritor y la calidad de sus obras están por ahí medio olvidadas y alguna (como ésta) solo sirve para hacer una mala e intrascendente película.
Benigno F.
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