Estos días hemos asistido a gran polémica sobre la publicación de un libro sobre el asesinato de unos niños. El equilibrio entre la libertad de expresión y revictimizar es muy delicado. Al principio tenía mis dudas y casi me inclinaba más por la libertad del autor para contar una historia real o imaginada, recurso fácil para evitar la censura, pero siempre hay algo que te da el contrapunto. Porque una cosa son las opiniones personales liberadas al viento de una conversación o a las redes sociales, en las que el daño (aunque exista) es limitado, pero lo que inclina claramente la balanza en contra es el beneficio comercial, mercantilizar el dolor propio y ajeno me parece moralmente reprobable. Viene a ser aquello de "el muerto al hoyo y el vivo al bollo".
Todo eso lo he pensado oyendo hoy una entrevista en la radio pública, con Annette Herfkens, autora de un libro titulado "Turbulencias" que, para colmo, se reedita.
Aparte de lo delirante de la descripción de su situación y las alabanzas a su superviviencia (de la que no tiene más mérito que la casualidad o la suerte). Me ha parecido que todo lo que contaba distaba mucho de la realidad vivida, parecía un relato de heroísmo e incluso de santidad tras evitar la muerte en un accidente aéreo en el que fallecieron todos los restantes pasajeros. Incluso murieron personas en la durante el rescate. A los muertos no se les atribuyen méritos, se pasa de puntillas por su desgracia. Ahí quedan ellos y sus familiares con su dolor y su pérdida, obligados de nuevo a revivir su experiencia para que esta "escritora" vuelva a llenar sus bolsillos con su relato (me sorprende que no haya película). Pocas palabras para ellos y muchas de aliento, de "lección de vida", de "empatía, para alguien que no tiene otro mérito que ser superviviente. Incluso se ha destacado que no llevaba puesto el cinturón de seguridad durante el vuelo, su gran capacidad para resistir a las graves lesiones que (supuestamente) tenía. Ahí ha sido cuando se ha despertado mi afilado instinto escéptico galaico y he dejado de creer en nada. Una persona con fractura de cadera, de costillas y neumotórax (si es verdad que tenía todo ello) solo está capacitada por su instinto para mantenerse con vida, es poco probable que haya sobrevivido por su resistencia e inteligencia y menos que esté capacitada para recordar con verosimilitud lo sucedido. Vamos que casi todo lo del libro debe ser mentira.
Ahí ha sido cuando he relacionado el libro "El dolor" con las "Turbulencias" y he visto que tratan de lo mismo, de comerciar con la desgracia, con el dolor propio y ajeno y todo ello me parece deleznable, merecedor de censura pública. Solo me muestro dispuesto a aceptar la publicación de estos testimonios previa renuncia de autores y editoriales a cualquier tipo de beneficio económico y con el acuerdo y compensación de los afectados.
Por otra parte, me gustaría que alguien me explique ¿qué pinta en la radio pública esta entrevista meramente propagandista? ¿quién determina el escritor a entrevistar y su valía?
Benigno F.
P.D.: Todos hemos sufrido en la vida y tenemos derecho a la compasión y a compartirlo con nuestros cercanos, pero el lucro y hacer de ello modo de vida es repugnante.
PD2: Reconozco que seguramente también influye en mi malestar que ayer fui a un concierto de Ryan Adams en el que el artista estuvo más rato haciendo un monólogo (incluso sin micrófono) que cantando. En lo musical estuvo excepcional. En lo personal, está claro que necesita terapia, lo normal sería que la se la pagara él y no los que vamos a verle a un concierto soportando su cantinela. En todo caso, que haga una gira de monólogos y así, cuando pagas sesenta euros, sabes lo que vas a ver. Nos fuimos antes de acabar cuando transcurrieron más de diez minutos entre la segunda y tercera canción de la segunda parte. No pude evitar, mientras me iba, gritarle "cállate y canta". Y es que un artista se desnuda emocionalmente en su obra y eso es lo que se suele ir ver, no a que nos cuente su vida.
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