En los últimos seis meses he participado en un taller de escritura creativa y he ido escribiendo algunas cosas como "deberes" que iré compartiendo en este blog. Este es el primer relato titulado: "Jinetes en el zócalo". Espero que os gusten.
JINETES EN EL ZÓCALO.
El primer recuerdo que tengo es el lavabo de casa, sentado en el trono, mirando las volutas de humo dibujadas en el zócalo negro, viendo figuras terroríficas sobre caballos de batalla, no me daban miedo porque sabía que solo era mi imaginación, pero me hacían imaginar otras escenas.
No recuerdo nada de antes, o quizás sí porque ese lavabo tenía bañera y recuerdo a mi madre bañándonos en el lavadero con agua que calentaba en una olla que me parecía enorme y eso debía ser antes de tener bañera con asiento. También recuerdo los escalofríos agradables en la espalda oyendo el agua correr al tirar repetidamente de la cadena, pero eso es todo lo que puedo recordar de entonces, el resto solo son retazos, bocetos trazados en el aire que no significan nada.
Pero eso no es lo que os quería contar, eso no tiene importancia, ni siquiera es relevante que allí sentado me preguntaba cómo había llegado ese hombre a esa oscuridad, a este estrecho y oscuro túnel en el que estaba atascado, boca abajo, confundido por la sangre remansada en su cabeza, que ingurgitaba sus yugulares,
atenuando los sonidos de su alrededor, porque ya nadie tira de sus pies hacia atrás, ha cesado el repiqueteo del grupo de rescate, mientras la rendición se disfraza de simple descanso.
- ¡Venga, sal ya del lavabo, que seguro que ya has acabado! ¿Te has limpiado bien el culo? Lávate las manos. Venga, al colegio, deja de pensar en vaqueros y caballos y átate los zapatos.
- Sí, mamá.
Mejor no le cuento lo de los jinetes de humo, ni lo de ese señor que entró en una cueva y se quedó atascado en un recodo con los pies asomando. Igual se preocupa y piensa que no debería imaginar esas cosas mirando las baldosas del lavabo. Los niños no deben pensar en muertos.
Mi madre daba pocos besos, mejor nos daba un bocadillo y decía de lejos:
- Y no vayáis por la montaña.
Pero eso no es lo que os quería contar, eso son solo sueños y recuerdos. Ahora todo es más confuso, no sé dónde estoy, este no es mi pijama, este no es mi lavabo, ni esta es mi casa.
- ¿Papá? ¿Qué pasa? Son las cuatro de la mañana.
- Cariño, ven a buscarme porque no sé dónde estoy y todo esto es muy raro.
- Papá, estás en la residencia ¿no te acuerdas? Llama con el timbre a la enfermera.
- Hay un timbre, sí, ya llamo, pero ven en cuanto puedas que yo no me aclaro.
Lo que os quería contar es que ahora no recuerdo casi nada, sólo fogonazos de cosas antiguas, la cisterna y la cadena, los jinetes de humo pintados en el zócalo, atarme los cordones, el ruido del agua y el olor de mi madre.
Benigno F.

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