Hacía años que tenía anotado este libro en mi lista, que lo buscaba en todas las librerías que visitaba, tenía el pálpito de que nos buscábamos uno a otro y no nos encontrábamos. Lo podía comprar en Amazon en papel, pero en ese formato, solo lo compro en librerías (manías mías). Al final, lo he encontrado en una edición en catalán y, aunque domino bastante bien el idioma, tengo la sensación de que me he perdido algunos de sus arabescos por falta de vocabulario. La realidad, es que me he visto obligado a usar un diccionario unas cuantas veces.
El autor falleció a edad temprana y tiene una biografía interesante y una forma de escribir inusitadamente original.
El libro es un puzzle, como esos que se empeña en crear y destruir uno de sus personajes. Parte de una estructura tan real y maciza como un edificio y sus pisos, pero describe cada uno de ellos de forma desordenada. No empieza por la entrada y sigue hasta las golfas, sino que lo hace de forma aleatoria (he leído por ahí que siguiendo los movimientos del caballo de ajedrez) tanto en su contenido como en sus habitantes, a los que repasa desde la edificación hasta su reforma.
"Carel van Loorens todavía vivió cerca de cuarenta años. Con el nombre falso de John Ross se convirtió en bibliotecario del gobernador de Ceuta y pasó el resto de sus días transcribiendo a los poetas de la corte de Córdoba y enganchando en las guardas de los volúmenes de la biblioteca ex-libris con un ammonites fósil coronado con este orgulloso lema: Non frustra vixi".
Se mueve en el espacio y el tiempo a su aire. Se entretiene en detalles nimios, descritos con minuciosa precisión que, a veces sobrepasa la imaginación del lector. Se para en un cuadro, en una lámpara o en el contenido de un armario y lo enlaza con pequeñas historias relacionadas con los que viven o vivieron convirtiendo a los objetos en personajes.
Desde ese edificio nos pasea desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el XX, en una tarea de orfebrería magnífica pero que solo se puede observar en su enormidad al ver todo el conjunto. Hay historias que te traspasan como una flecha, que te dejan dolorido, pero el autor las deja caer como si nada.
"Yo te quería como mujer y quería tener un hijo contigo. No tengo ni lo uno ni lo otro y hace tanto tiempo que esto dura que he dejado de preguntarme si es del odio o del amor de donde sacamos la fuerza para continuar en esta vida mentirosa y de donde extraemos la energía extraordinaria que todavía nos permite sufrir y tener esperanza".
No tiene una trama definida, pero está lleno de añoranza. Y a mi me ha dado por pensar en esta vida actual, sin honor, sin lealtad, en la que todo es tan instantáneo que apenas perdura y en la que poco a poco se van perdiendo las más fuertes ligaduras, las de los genes, las de la familia y la tribu, aquellas que te hacen pensar en como fueron o sintieron tus ancestros.
Para postre, el autor introduce una cantidad de información cultural, de referencias literarias, históricas, musicales que uno se queda atónito ante la enorme capacidad de este escritor para crear esta obra con solo cuarenta y dos años.
"Entonces lo embargaba a veces un sentimiento de tristeza insoportable; pensaba en los demás, en todos aquellos que ya no estaban allí, en todos aquellos a los que se habían tragado la vida o la muerte."
El autor falleció con apenas cuarenta y cinco años, dejando tras de si una obra que, visto lo leído, habrá que esforzarse por completarla.
Benigno F.
El libro es brutal; un completo disfruta. Cuenta con el añadido que algunas partes son tomadas prestadas de otros autores. Yo localicé, hablo de memoria, fragmentos de Lolita, de Marcel Proust, y de Raymond Carver, creo.
ResponderEliminarEs un mosaico adictivo, muy satisfactorio.
Gracias