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Polvo en los labios - Montero Glez



Este es un autor minoritario. El libro llevaba buscándolo desde el verano y no había manera de encontrarlo. Ha aparecido en un rincón de un librero poco nombrado, amagado de la vista del público ordinario, de aquellos que no se agachan a rebuscar entre los estantes y recogen directamente sus lecturas de las mesas de lo más vendido.

"¿Y por qué te ha interesado, Benigno?" Por tres detalles poco importantes: Primero, el nombre del autor, que no se sabe si es nombre propio o utiliza un apellido abreviado. Me picó la curiosidad de sus problemas de identidad, del disgusto que debe llevar alguno de sus progenitores por no utilizar de forma abierta la heráldica heredada en las letras. En segundo lugar el título ("Polvo en los labios")  me hizo pensar en labios resecos tras atravesar el desierto, en necesidad de agua y de besos, humedades todas imprescindibles para ir tirando, en referencias cruzadas con canciones y apellidos. Finalmente, y mucho más importante, el argumento del relato que da título e inicia el álbum protagonizado por un trompetista maldito y apreciado. Me gusta leer con una buena banda sonora de fondo y Chet Baker es un muy buen candidato.

En resumen, tres referencias casi discográficas: el apellido, el título y el protagonista de un relato. Ingredientes suficientes para dejar algo guardado en el almacén mental.

Se trata de un libro de relatos cortos, algunos tan cortos que parecen más canciones que relatos y quizás en ese formato hubieran quedado mucho más redondeados. La primera historia marca a toda la compilación, pone el nivel alto. Se trata de historia bien trabajada, con referencias laterales taurómacas, con la imaginación grabando tan perfectamente los surcos que podría pasar por (auto)biográfica. Un cuento que nos recuerda que, a veces, ocultas en la cháchara de los taxistas pueden surgir historias extraordinarias, tan increíbles que al final resultan ser ciertas, como la del torero perfilándose en la madrileña Gran Vía.

Así sucede lo ineludible, la segunda pieza pierde intensidad, credibilidad, la composición es correcta pero la interpretación no alcanza la emoción suficiente para desencadenar reacción visceral alguna.

El tercer tema es un interludio, una única página buscando una sorpresa que se torna rápidamente en indiferencia.

El cuarto y el quinto se adentran en el terreno policíaco, con unos ingredientes básicos: hotel, conserje enamorado, prostituta, dinero y pistolero mexicano por un lado. Y cárcel, expresidiario y un encargo fácil que luego resulta complicado. Los finales no son otros que los necesarios en estos casos. Le falta sal al guiso y electricidad al rock y pese al hábil manejo del lenguaje, el conjunto me deja impávido. No noto la batería y el bajo rebotando en el pecho y así no me conmuevo más allá de lo necesario. La voz no alcanza la potencia suficiente para romper el escenario.

El resto no me pienso entretener en analizarlos de forma pormenorizada. No es que sean peores ni mejores, es que no lo veo necesario. Siguen progresivamente, alternando el lenguaje "cañí" con el del hampa, los ambientes sórdidos con los históricos de principios del siglo pasado, todos con finales que intentan sorprendernos, algunos buscando un toque fantasioso más que fantástico, dejando un poso similar a una exposición de dibujos infantiles bonitos pero poco precisos, incluso inocentes, faltos de inquina. Predominan los grises sobre el blanco y negro. El autor demuestra conocimiento de los lugares, de los ambientes, de los tiempos no vividos, de datos anecdóticos interesantes, y por eso a veces la intrahistoria supera al propio argumento y eso hace perder consistencia al conjunto final. Pesa más lo periférico que lo central. Sin ser relatos fallidos, se quedan a medio camino de lo verdaderamente emocionante.

Lo mejor: El primer relato. Hubiera merecido ser publicado por separado, aislado, quizás en un suplemento dominical de un periódico de tirada nacional. Incluso me atrevo a sugerir que hubiera dado de sí para historias colaterales que bien podían haber rellando capítulos de continuación en el mismo formato. Una frase: "La verdad es que no existe ningún lugar más íntimo que una habitación de un hotel para practicar la masturbación, la borrachera o el suicidio."

Lo peor: Sigo sin saber cómo archivarlo. ¿Alguien me puede ayudar?

Puntuación: 5/10
Benigno F.

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