El Dr. Fernando Barrientos llevaba seis meses de rotación, procedente del Hospital Ramón y Cajal de Barcelona, en el servicio de Neurocirugía del Hospital Princesa Fernanda de Santander y en ese tiempo se había hecho imprescindible, siempre disponible, atento y competente. Pacientes, compañeros y enfermeras estaban encantados. Su habilidad en el manejo del microscopio quirúrgico era encomiable y su noviazgo y próxima boda con la instrumentista más apreciada del quirófano era notorio y admirado. Hacían una pareja envidiable. Ella con ese encanto natural que desprendían sus bonitos ojos almendrados y castaños por encima de la mascarilla, su voz de locutora de radio y una gran habilidad para ofrecer el instrumento necesario antes de que lo pidiera el cirujano. Él siempre formal y bien vestido, con unas maneras exquisitas y un temple en el quirófano extraordinario, paciente para la docencia, nunca una palabra más alta que la otra, incluso en los peores escenarios...
Pues menudo lío tengo en la cabeza con la serie de novelas de John Connolly y su detective Charlie Parker. Cuando llevaba casi media novela de esta decimocuarta entrega, me he dado cuenta de que la anterior ("El invierno del lobo") no la he leído. Seguramente, como es la número trece, algún instinto atávico gallego me lo ha impedido. Así que, al acabarla, como se dice en catalán: " se m'ha girat feina " y me tengo que leer la que me falta. Por suerte, no pasa nada, la novela se puede leer sin saber exactamente lo que sucedió en la anterior, porque algo se apunta en el argumento de ésta. Aunque leerla sin tener un cierto bagaje en la biografía previa de su protagonista, puede resultar más complicado. Como es habitual, John Connolly no falla. Los personajes y el ambiente de Maine están tan bien perfilados que, aunque sucedan hechos paranormales, todo encaja a la perfección en el relato. En este caso, la trama hace intervenir a personas con pasado nazi como riv...