Parece que no he empezado con buen pie el año en lo que se refiere a mi selección de lecturas. Esta la escogí casi de forma aleatoria, guiándome por la sinopsis y por lo que parecía un buen inicio y unos buenos ingredientes de lo que parecía una novela de intriga policíaca y ha resultado ser una divagación filosófica que me ha resultado simple, aburrida y excesiva. La novela comienza muy bien: « Llamadme Travel. No es el nombre que figura en mis acreditaciones personales ni en los registros de la administración, pero es mi verdadero nombre en esta historia, el que se impuso a un muchacho caminante, a foratsero, pues en verdad os digo que hubo un momento, hace muchos años, en que fui solamente Travel ». El protagonista se embarca en un viaje por Muravia intentando remedar el que hizo un escritor poe esa región. El libro ha caído en sus manos de una forma que parece predestinar al protagonista a esa aventura. Durante su viaje resulta arrestado por la desaparición de una jove...
Soy un ignorante, está claro, he leído reseñas y comentarios de todo tipo sobre este libro y su escritor, todos ellos positivos, debe ser por eso por lo que suena su nombre con frecuencia para el Nobel, pero yo (por lo menos en este libro), todos los detalles laudatorios los veo como negativos y eso que el propio escritor me lo advertía. « Se puede probar todo, pero el que no percibe, aquel para el que no existe una zona de la realidad, se cansa enseguida de preguntar como será, a qué se parecerá eso que no va a conocer jamás. Las especulaciones metafóricas son para él simples juegos culturales, símbolos con valor estético, antes que una necesidad profunda de definición ». Lo reconozco, lo he dejado a la mitad, un poco desesperado porque no me enganchaba pese a la belleza de las palabras, al excelente uso (incluso abusivo) de los términos y descripciones anatómicas, de las bellas metáforas, a algunos pequeños relatos de «realismo mágico», fragmentarios, interes...