Hacía años que tenía anotado este libro en mi lista, que lo buscaba en todas las librerías que visitaba, tenía el pálpito de que nos buscábamos uno a otro y no nos encontrábamos. Lo podía comprar en Amazon en papel, pero en ese formato, solo lo compro en librerías (manías mías). Al final, lo he encontrado en una edición en catalán y, aunque domino bastante bien el idioma, tengo la sensación de que me he perdido algunos de sus arabescos por falta de vocabulario. La realidad, es que me he visto obligado a usar un diccionario unas cuantas veces. El autor falleció a edad temprana y tiene una biografía interesante y una forma de escribir inusitadamente original. El libro es un puzzle, como esos que se empeña en crear y destruir uno de sus personajes. Parte de una estructura tan real y maciza como un edificio y sus pisos, pero describe cada uno de ellos de forma desordenada. No empieza por la entrada y sigue hasta las golfas, sino que lo hace de forma aleatoria (he leído por ahí...
Esta novela no es del género policíaco, aunque la investigación de un asesinato lo sugiera. Esta obra es un ejercicio de creación de un personaje y sus circunstancias, es una trampa para impedir al lector tener la más mínima empatía por el personaje principal, sus circunstancias y las de los que lo rodean. A esta novela, yo la hubiera titulado "asco" o "repugnante", porque son los dos adjetivos que me salen de forma espontánea cuando pienso en su protagonista, el sargento (aspirante a ascenso) Robertson. No solo el individuo es asqueroso en su comportamiento, sino que viene "adornado" con un pujante eccema perineal y una tenia que le carcome por dentro. La repugnancia es de tal calibre que incluso cuando en el final el autor le da un giro argumental que podría acercarnos al protagonista, es insuficiente para tener un mínimo de compasión por él. Me la he tenido que leer en dosis ajustadas de metoclopramida (para evitar síndrome extrapiramidal) y acompañ...