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Pelotas que cruzan una línea, metáforas que encienden la mente


Intento no ver el fútbol, no es lo mío, es demasiado bestia, se producen patadas, codazos y peleas. Los espectadores gruñen, jalean y jadean, he visto comportarse como energúmenos a personas con carrera, muchas veces he sentido vergüenza ajena (y propia). Sólo lo hago para evadirme, para no pensar, me he dado cuenta de que se desconecta el cerebro con facilidad asistiendo a ese espectáculo.

Ayer vi un detalle que me ha dado que pensar. Una pelota sale claramente fuera, pese a ello, el delantero centra. Se produce gol. Los jugadores lo celebran, otros protestan. El juez del partido no se da cuenta de la irregularidad. La grada aplaude. ¿Os suena? ¿Tiene algún paralelismo con alguna situación política reciente?

Os lo cuento de otra manera: el balón atraviesa la línea, el jugador centra por inercia, se produce el gol y el árbitro lo concede, el delantero que centra le dice al colegiado que se ha equivocado, los jugadores beneficiados no aceptan la decisión, el juez rectifica. El público aplaude. Se abrazan propios y contrarios.

Esto es simplemente una utopía que nada tiene que ver con nuestra situación social real. Las leyes no se cumplen, los jueces se equivocan, los que no cumplen la ley no lo reconocen, los que la hacen cumplir toman decisiones erróneas, el público dividido en bandos, todos gritan, nadie se entiende. En resumen hay una falta absoluta de valores. Mucha libertad y poca responsabilidad. La culpa se le atribuye al que ha dado el gol de forma equivocada, no al que ha centrado.

Ayer un futbolista perdió la oportunidad de pasar a la historia por su honradez, sus compañeros también, el público por supuesto.

Pelotas que cruzan una línea, metáforas que encienden la mente.

La política como si fuera un partido de fútbol. Más quisieran que fuera de ajedrez como alguno pretende hacernos creer.

Tiempos convulsos que solo demuestran el fracaso de la democracia como sistema político, no sólo en España, vean quien manda en los Estados Unidos o en la República Checa. Me temo que lo que viene va a ser peor.

Benigno F.




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