Claro. Yo digo que me gusta y a la gente le falta tiempo para regalármelos. Y como a veces soy muy obediente me pongo a leerlos, pero como soy muy crítico las repeticiones me van hartando. Pero este no es el caso. Ni ha sido regalo, ni me ha hartado, me lo he comprado y simplemente, lo he devorado, porque este libro no es de Banville, ni de Black, es puro Chandler, pero no escrito por él y eso (por desgracia) le convierte en un sucedáneo. Es una copia, muy buena, pero copia. El autor no tiene que esforzarse en ser original, pero copiar bien sin que se note es muy difícil, hay que ser muy bueno, especialmente cuando el copiado ocupa pedestal y hornacina en mi casa. Porque si nos gusta Botticelli, Picasso o Leonardo, como nos nos puede gustar alguien que copie su estilo y haga algo nuevo y que si no nos lo cuentan ni lo notamos por muy listos que nos hagamos. Y es que hay falsificaciones muy buenas, tan buenas que merecen ser destacadas, especialmente cuando ya desde el principio e...