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Paraguas como espadas


¡Llueve! Y en esta ciudad no estamos acostumbrados y parece una gran catástrofe y se forman cataratas en los túneles, aguazales en los fondos de las cuestas y parece que sea el apocalipsis.  En mi tierra ni nos inmutamos... ¡Chove! ¡Normal! ... ¡Mollaste! Nin te moves.

Aquí, la lluvia a nadie pone contento, salvo a algunas féminas que alborozadas se ponen unas botas de agua modernas que llevan guardadas un siglo en un armario desde que las compraron. En realidad son una modificación de las clásicas Katiuskas, prenda de ornamento con nombre de bombardero, de lo más hortera y sólo adecuada para algunos oficios como el de pocero. Pero ya saben ustedes, las modas son inescrutables y lo que hace unos años era anatema,  pasa a estar en la cúspide estilística tarde o temprano. 

Estas modernas se suelen dotar de chubasqueros de colores chillones, cuanto más chillón más alto es su precio y, como no, de amplios, de enormes paraguas, para protegerse el pelo. Porque ya sabéis que siempre llueve nada más salir de la peluquería o con el coche recién lavado.


El mayor peligro en los días pluviosos son los paraguas. Su manejo en manos descuidadas puede transformarlos en auténticas armas de destrucción masiva. Pueden ametrallar con gotas de agua al ser agitados en el aire de forma descuidada al entrar en un establecimiento o transporte público, o bien directamente te lo clavan al manejarlo cerrado pegado al cuerpo y dejándolo balancearse sin atender a las más simples leyes de la física y así, te golpean duramente o sencillamente te lo clavan y ni se dan cuenta, y te miran extrañados/as cuando te quejas, porque lo utilizan como una parte más de su anatomía, lo consideran dotado de sensibilidad y no han percibido que te tocaran con sus terminaciones sensitivas. Claro que si tú les das un pellizco en sus paraguas ni se enteran, no saltan como esa hermosa morena que trastabilló con sus posaderas sobre mi rodilla en el autobús y me miró furibunda como si mi rótula tuviera intenciones aviesas.

Y es que algunas personas confunden cuerpo con prendas, sentidos con sentimientos, y el culo con las témporas. Éstas últimas por lo menos sirven para predecir el clima.

Benigno F.

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